Efectos y consecuencias a largo plazo derivados de la violencia sexual

Una investigación basada en encuestas

El objetivo principal de la investigación actual ha sido inspeccionar, desde una perspectiva multidimensional, las experiencias de las víctimas de violencia sexual, fundamentado en las implicaciones psicológicas, emocionales, sociales, económicas y físicas, con el propósito de identificar las consecuencias holísticas, aportando a la optimización de los procesos de recuperación y atención de las personas afectadas.

Resumen

A través de la investigación abordada se pudo afirmar que la violencia sexual entendida tanto cuando nos referimos a abuso sexual (tocamientos) como a violación (penetración) repercute en diferentes ámbitos multidimensionales en las víctimas, como las relaciones afectivas, desconfianza, temor a la intimidad y dificultades para establecer vínculos saludables. Acrecentándose la situación en personas que han sufrido múltiples episodios. Derivado de estas severas repercusiones, un número significativo de mujeres ha buscado terapia psicológica, reportando que el apoyo ha sido útil en su proceso de recuperación. No se puede dejar de lado los resultados evidenciados en que la violencia sexual provoca severas consecuencias sociales, familiares y económicas en las víctimas donde se experimenta estigmatización social, lo que a menudo conduces a un aislamiento debido al tabú que rodea esta problemática. Así bien en los contextos familiares y redes de apoyo la falta de comunicación es compleja, estas desconexiones debilitan el soporte emocional que las víctimas necesitan para recuperarse, acrecentando la situación en muchos casos con episodios depresivos, todo esto puede afectar la capacidad de las víctimas para mantener un empleo, lo que las deja adicionalmente en una situación de vulnerabilidad económica.

Palabras clave: Víctimas, Abuso, violencia, sexual.

Abstract

Through the research conducted, it was affirmed that sexual violence, refering to sexual abuse (malicious touching) as well as violation (penetration), impacts victims in various multidimensional areas, such as emotional relationships, distrust, fear of intimacy, and difficulties in establishing healthy connections. This situation is exacerbated in individuals who have experienced multiple episodes. However, despite these severe repercussions, a significant number of women have sought psychological therapy, reporting that the support has been helpful in their recovery process. It cannot be overlooked that the results indicate that sexual violence leads to severe social, familial, and economic consequences for the victims, where they experience social stigmatization, often resulting in isolation due to the taboo surrounding this issue. In family contexts and support networks, the lack of communication is complex; these disconnects weaken the emotional support that victims need to recover, often exacerbating the situation with depressive episodes. All of this can affect victims’ ability to maintain employment, leaving them in a situation of additional economic vulnerability.

Keywords: Victims, Abuse, Violence, Sexual.

Prevalencia, perfil demográfico y consecuencias multidimensionales

La violencia sexual se manifiesta en todos los contextos sociales, económicos, culturales y políticos. Sin embargo, no todas las formas de violencia sexual son registradas de manera explícita por los Estados. No es un secreto que los elevados índices de violencia sexual se encuentran en sociedades caracterizadas por altos niveles de desempleo, conflictos permanentes y una notable descomposición del tejido social. Asimismo, esta violencia se hace evidente en los diferentes niveles de agresión que sufren los sectores sociales más empobrecidos del mundo, y se manifiesta directa o indirectamente a través secuestros, torturas, desapariciones forzadas, trabajos forzados y abuso sexual, afectando a niños, niñas, adolescentes, jóvenes, hombres y mujeres. Las culturas de masculinidad, que se erigen como patrones para la construcción de identidad, se mantienen en la actualidad.

Es fundamental reconocer que la violencia es un fenómeno relativamente habitual. Al considerar elementos sociales, se debe señalar que la violencia sexual es la menos estudiada, tanto en nuestros entornos inmediatos como en un contexto global. La violencia sexual abarca todos los actos de agresión sexual perpetrados por una persona que utiliza la fuerza contra otra, ya sea en contra de su voluntad o mediante amenazas, independientemente de la naturaleza de la coerción ejercida, la cual no es igualmente viable para las partes involucradas (Pacheco, 2021).

En el ámbito de la violencia sexual, el perfil demográfico de las víctimas no solo permite describir y clasificar las características de quienes sufren dicho delito, sino que también facilita la caracterización de las personas condenadas por el delito de acceso carnal violento. Es así como los antecedentes sociodemográficos de los individuos condenados por delitos de acceso carnal violento, son de utilidad. Específicamente en esta investigación se dio a conocer datos relevantes de riesgo entre los 17 y 22 años como los afectados por este flagelo.

La diversidad del contexto en el que puede ocurrir una agresión sexual se manifiesta claramente en la variada relación o conexión que puede existir entre el agresor y la víctima. Se presentan múltiples circunstancias que pueden dar lugar a una agresión sexual, especialmente en un entorno caracterizado por un conflicto social, donde la violencia sexual ha sido empleada como una estrategia de guerra, una táctica para castigar, un mecanismo de humillación, o incluso para frustrar un objetivo desde cualquier naturaleza, la mayoría de los agresores son masculinos (Vega, 2025).

Las repercusiones o consecuencias sociales de la violencia sexual descalifican sistemáticamente a la víctima en todos los niveles. Esto provoca una pérdida de calidad y significado social en su entorno, ya sea territorial, social, organizacional o familiar. La víctima es vista como vulnerable y menospreciada, lo que lleva a la pérdida de confianza y aprecio. Además, suelen reconocerse como sujetos descalificados, viviendo una incapacidad para enfrentar la vida cotidiana. Este proceso de descalificación está ligado a la impunidad, utilizando la violencia sexual como herramienta. La situación es problemática para la atención y recuperación integral, ya que recuperar la identidad y la capacidad de acción implica confrontar, complicando aún más su proceso de sanación. Además, la violencia sexual refuerza una red social centrada en las expectativas de vida, convivencia y trabajo (Portuondo et al., 2022).

La violencia sexual tiene un impacto en las relaciones familiares de la víctima de un modo devastador, que va mucho más allá de la propia familia de las niñas, niños y adolescentes, si no por razones de disfuncionalidad en el hogar, desestructuración de la familia y su exposición a entornos familiares adversos. En ese sentido, la violencia sexual impacta en la familia porque afecta de manera imperceptible o no a otras víctimas del entorno familiar, sea la abuela, la madre, la tía, las hermanas, los primos, las propias parejas, los hermanos y los vecinos que de algún modo son víctimas duales o terciarias de la violencia sexual formulada.

Algunas consecuencias secundarias y no menos importantes es que esta misma afecta cinco aspectos clave, como la residencia, la economía, la administración del espacio, las relaciones familiares y los principios económicos relacionados con la educación cultural (Munar et al., 2023).

La violencia sexual tiene efectos devastadores en las víctimas, su entorno y la comunidad. Una consecuencia es la estigmatización, que lleva a la discriminación, especialmente hacia las niñas o las mujeres. Esto genera más violencia en su contra. Durante el acompañamiento psicológico, las víctimas enfrentan el peso de la estigmatización y la violencia encubierta, lo que requiere un manejo cuidadoso, permitiéndoles expresar sus pensamientos y creencias, ya que muchas han vivido en entornos violentos y pueden reproducir creencias restrictivas de sus familias. Enfrentar la complicidad familiar y la presión del entorno es un desafío (Bermejo et al., 2024).

Método

El actual artículo de investigación se llevó a cabo a través de un estudio cuantitativo mediante la aplicación de una encuesta estructurada, diseñada como un cuestionario compuesto por 25 preguntas de opción múltiple (Ver cuestionario adjunto). Este cuestionario hizo referencia a datos demográficos, prevalencia, correlaciones, efectividad, impacto psicosocial, y consecuencias en las víctimas.

En cuanto al diseño y recolección de los datos se llevó a cabo a través de la marcha en el marco del día internacional de la Mujer realizado el 8 de Marzo del año 2024, y el año 2025 en la misma fecha. Cada volante presentaba un código QR para enlazar con la encuesta o cuestionario habilitado con la plataforma Typeform, se distribuyeron un total de 4,000 volantes en el evento del 2024, mientras que el 8 de marzo de 2025, se entregaron 6,000 volantes adicionales. Esta misma distribución tuvo lugar en el Ángel de la Independencia, ubicado en Avenida Reforma, Ciudad de México (CDMX). Se entregaron volantes tanto a hombres como a mujeres, con un enfoque especial en aquellas personas que portaban carteles relacionados con la violencia sexual. Al final del cuestionario, se incluyó una sección sobre la protección de datos personales, conforme a las regulaciones vigentes.

Cabe resaltar que este cuestionario incluía un filtro inicial que permitía la continuidad en la encuesta únicamente a aquellas personas que habían sido víctimas de violencia sexual. De esta manera, se garantizó que los datos recolectados fueran relevantes y específicos para el objetivo del estudio de la presente investigación.

Finalmente es importante reseñar que, para asegurar la integridad de las respuestas, se registró el día y la hora de cada respuesta, así como la inclusión de un token que verifica que las encuestas fueron completadas por seres humanos reales, minimizando así la posibilidad de respuestas automatizadas. Los datos obtenidos se analizaron estadísticamente identificando patrones y tendencias en la experiencia de violencia sexual.

Hipótesis

Como perciben las personas que han vivido violencia sexual las consecuencias sociales, familiares, económicas, de estigmatización, y las relaciones afectivas post violencia, emocionales y psicológicas.

Resultados y conclusiones

Después del análisis estadístico la actual investigación fue percibida por las personas que han atravesado por este trauma de la siguiente forma.

En la integración de los datos de ambas fechas y encuestas se pudo evidenciar que, de 451 mujeres encuestadas, 291 fueron víctimas de violencia sexual. 268 abusadas sexualmente, 141 violadas y 122 fueron tanto abusadas como violadas. En cuanto a los hombres sólo 6 manifestaron haber sido violentados.

Respecto al perfil demográfico las participantes son originarias de los siguientes estados: 1 Aguascalientes, 1 Baja California, 2 Chiapas, 1 Chihuahua, 174 CDMX, 3 Coahuila, 65 Estado de México, 3 Guanajuato, 3 Guerrero, 1 Hidalgo, 7 Jalisco, 1 Michoacán, 1 Morelos, 2 Nuevo León, 3 Oaxaca, 3 Puebla, 3 San Luis Potosí, 1 Tabasco, 2 Tamaulipas, 2 Tlaxcala, 4 Veracruz, 1 Zacatecas y 7 del extranjero.

Sobre la edad actual de las participantes se enuncia la siguiente información: una tiene12 años, doce tienen 14 años, tres tienen 15 años, dos tienen 16 años, dieciséis tienen 17 años, doce tienen 18 años, nueve 19 años, dieciocho 20 años, cuatro 21 años, trece 22 años, siete 23 años, nueve 24 años, nueve 25 años, catorce 26 años, nueve 27 años, cinco 28 años, doce 29 años, doce 30 años, nueve 31 años, nueve 32 años, seis 36 años, siete 37 años, siete 38 años, dos 39 años, cuatro 40, dos 41 años, once 42 años, cinco 43 años, cinco 44 años, cuatro 45 años, dos 47 años, dos 48 años, una 49 años, seis 50 años, tres 51 años, tres 52 años, cinco 53 años, una 55 años, dos 56 años, una 57 años, una 58 años y una 59 años. Estos datos reflejan la disposición de las víctimas a reportar los hechos incluso después de mucho tiempo de la agresión.

Así mismo los resultados arrojaron que este tipo de violencia inicia a temprana edad con 27 casos de abuso a partir de los 5 años, 29 casos a los 6 años, 26 a los 7 años y 28 a los ocho años, dejando en claro que la vulnerabilidad infantil y la adolescencia temprana, es un factor importante respecto a las debilidades específicas en esas edades, como la dependencia, la falta de protección, o la presencia de agresores conocidos. No obstante, hay otros casos en donde se aprecia una mayor edad, lo que sugiere que las agresiones ocurren en diferentes etapas de la vida, esto puede estar relacionada con diferentes contextos, como violencia de pareja, abuso en entornos laborales, o situaciones de vulnerabilidad social.

En torno a los atacantes se evidencia que la mayoría de los agresores son hombres con un total de 271 casos que reportaron haber sido violentadas por hombres. Mientras que 18 casos reportaron que el agresor fue hombre y/o mujer, lo anterior pone de manifiesto la necesidad de abordar las causas sociales y culturales que perpetúan la violencia de género.

La mayoría de las víctimas reporto abusos con frecuencia o múltiples episodios de violencia, 126 casos reportaron entre 6 y 10 ocasiones de abuso y 24 casos haber sido abusadas en más de 20 ocasiones evidenciando que el haber pasado por este suceso permea en sus defensas psíquicas convirtiéndolas en personas más vulnerables de ser atacadas en repetidas ocasiones.

En cuanto a los lugares donde se cometió la agresión se reportó que irónicamente es en los espacios considerados “seguros” donde ocurrió mayormente la situación de violencia, no obstante, destaca el transporte público como lugar de los hechos, haciendo esto sentido con el anonimato que ofrece la multitud esto evidencia la necesidad de fortalecer medidas de protección y respalda la medidad de seguridad respecto a la separación de vagones por sexo en el transporte público.

En relación al lugar donde ocurre la agresión esta también puesta el quien comete dicha agresión sexual, los datos de esta encuesta arrojan que en su mayoría fue un desconocido, pero el dato no esta muy lejos de apuntar a amigos de la familia y cuando en 117 menciones se refiere a diferentes personas tengamos en claro que quiere decir que en muchos casos fue por ejemplo un familiar, pero también un profesor o un vecino, es decir diferentes actores sociales, es decir que no podemos sólo bajar la guardia con personas en específico.

La reacción de la familia ante la divulgación del abuso es crítica, ya que la mayoría de las víctimas (138) señalaron que sus familiares aún no estaban enterados. Esto puede agravar el trauma al mantener el abuso en silencio. Cabe mencionar que el resto de las victimas respondieron que en 62 casos la familia no hizo nada, en contraste en 55 casos mencionan apoyo, pero 30 víctimas mencionan haber sido culpadas, mientras que sólo en 6 casos se realizaron denuncias.

De igual modo la relación con la familia una vez hecha la develación no siempre mejora ya que nuevamente impera el silencio ya que, aunque tienen conocimiento de la agresión evaden el tema, favorablemente hay números optimistas (101) de personas que sostienen que hay una buena relación y han recibido apoyo.

Frente a la pregunta respecto a las consecuencias sociales derivadas de la violencia sexual la mayoría de las víctimas (38) reportaron haber tenido una pérdida significativa en relaciones personales, seguidas por la estigmatización social y el bajo rendimiento escolar.

Dejando en claro que la afectación no únicamente sucede a nivel psíquico sino también el entorno se ve gravemente afectado.

Sobre las consecuencias económicas parece ser el rubro menos afectado con 178 reportes de no haber tenido ninguna consecuencia económica, sin embargo 76 víctimas mencionan gastos médicos y/o terapéuticos, 13 mujeres mencionan una incapacidad para trabajar debido al trauma y en 24 casos incluso pérdida de empleo debido a dificultades emocionales.

Este dato deja claro que, aunque como se mencionó parece el rubro menos afectado, un número significativo sí enfrenta impactos en su economía a largo plazo. Los gastos terapéuticos, incapacidad para trabajar y pérdida de empleo indican que las secuelas emocionales pueden traducirse en dificultades económicas.

Las consecuencias físicas tampoco quedan descartadas del todo, si bien 175 personas declararon no tener ninguna consecuencia física, 78 personas indicaron tener heridas o lesiones mínimas, 5 heridas y lesiones graves, 20 diversas enfermedades de transmisión sexual, 11 embarazo seguido de aborto y 2 embarazos que conservaron.

Los resultados de la encuesta revelan un impacto psicológico profundo y preocupante en las víctimas de agresión sexual. Los niveles elevados de ansiedad (137), baja autoestima (139), depresión (148), y pensamientos intrusivos como los flash backs (144) indican que estas personas enfrentan un sufrimiento emocional severo y persistente. Además, la presencia significativa de síntomas de estrés postraumático (97) y ideación suicida (79) subrayan la gravedad de las secuelas psicológicas. Aunque algunos indicadores como el abuso de drogas y los trastornos alimentarios tienen porcentajes menores, su presencia adicional evidencia la variedad de formas en que estas agresiones afectan la salud mental. En conjunto, estos datos resaltan la necesidad urgente de ofrecer apoyo psicológico especializado.

Los datos sobre las consecuencias emocionales a continuación graficados reflejan una profunda carga emocional y un malestar significativo en las personas, preponderando altos niveles de desvaloración y culpa y tristeza, seguidos por la sensación de impotencia, vergüenza y represión emocional, es recordar que estos sentimientos pueden estar interrelacionados y presentarse al mismo tiempo o en diferentes etapas del proceso.

Sobre las consecuencias respecto a las relaciones afectivas los siguientes datos muestran una variedad de experiencias y preocupaciones relacionadas con la sexualidad, la violencia y la inseguridad. La presencia de problemas de intimidad y recuerdos de agresión durante actos sexuales, junto con conductas promiscua y de riesgo, sugieren que muchos individuos enfrentan desafíos emocionales aún en su adultez. Destaca la preocupación por la seguridad de los infantes dejando claro que este este trauma puede trascender transgeneracionalmente y trastoca todo en el entorno de la víctima, incluso ha habido pacientes que comunican no querer tener hijos por miedo a que los violenten sexualmente.

A continuación, se presentan las consecuencias legales que de acuerdo a las víctimas los agresores deberían tener. En la opción de los años de cárcel que el juez dictamine puede interpretarse como una postura de las agraviadas que aún confía en el sistema judicial para determinar sanciones proporcionales, mientras que la preferencia por la «castración química» podría estar motivada por el deseo de una medida más severa y preventiva que impida futuras agresiones, reflejando una percepción de insuficiencia en las sanciones tradicionales para garantizar la seguridad y justicia para las víctimas.

Si bien la mayoría de las afectadas (105) dicen tratar de no pensar en la agresión, lo cual muestra el impacto que tienen esta clase de traumas, 64 personas creen que el karma se encargara, 43 tienes deseos de que su agresor muera, 33 deseos de venganza, 21 que Dios lo perdone y 16 que debería ser castrado. Esta clase de pensamientos hacia un agresor sexual es una reacción natural ante una experiencia de esta índole. Estas emociones reflejan un proceso de afrontamiento y una forma de expresar el dolor, sentir enojo puede ayudar a afirmar la propia dignidad y a buscar justicia, mientras que los pensamientos de venganza surgen como una forma de intentar equilibrar la percepción de vulnerabilidad y de recuperar el control.

Sobre la percepción de la víctima frente a la efectividad terapéutica y apoyo de profesionales la gran mayoría (160) de las víctimas ha acudido a terapia psicológica, y de ellas 136 consideran que ha sido útil para su recuperación. Es importante destacar que 131 víctimas respondieron que no han acudido a terapia aún, esto sugiere una barrera social más amplia: la falta de acceso a recursos, miedo al estigma o minimización del daño por parte del entorno.

Con respecto a los resultados las víctimas experimentan percepciones de estigmatización tormentosas en lo social y familiar que respecta ya que este tipo de violencia puede estar rodeada de un tabú social, que invalida la experiencia de la víctima y puede llevar a un aislamiento social. Así como también la presión y el miedo al juicio en ocasiones aísle a las víctimas evitando que expresen lo sucedido.

Algo relevante es la falta de comunicación entre las víctimas y sus familias ya que en la gran mayoría de casos la familia no se entera del abuso a tiempo agravando los traumas y la soledad en las victimas. Es así como la percepción de hogares con tabúes y juicios es lo que provoca desintegración en las relaciones afectivas, dejando a las víctimas sintiéndose desconectadas y solas en su experiencia.

Este tipo de violencias posee un impacto general hacia la economía ya que por el trauma emocional y psicológico la gran mayoría ya no pueden ejercer de la misma forma sus oficios o profesiones, pudiendo afectar la capacidad de las víctimas para mantener un empleo o desarrollarse profesionalmente. Esto puede llevar a un ciclo de dependencia económica y vulnerabilidad.

Las relaciones afectivas después de la violencia se ven afectadas en la gran mayoría de casos viéndose así deteriorada las relaciones interpersonales, experimentando desconfianza la mayor parte del tiempo post violencia. El impacto emocional del abuso puede manifestarse en la incapacidad de formar conexiones significativas o en el temor a repetir patrones dañinos.

A pesar de las numerosas secuelas que las víctimas enfrentan, se evidencio que la efectividad del tratamiento psicológico puede ofrecer un puente hacia la superación del trauma, ayudando a las víctimas a desarrollar habilidades de afrontamiento y a reintegrarse en su entorno social y familiar, por lo que se exhorta a quien ha vivido cualquier tipo de violencia sexual a buscar apoyo profesional.

Todavía perdura un silencio profundo en torno a la violencia sexual que, lejos de hacerla desaparecer, la hace aún más efectiva y persistente. Esta violencia sexual perdura en el tiempo en la medida en que las víctimas, ya sea por vergüenza, miedo, culpa o como resultado de mecanismos de coerción externos; ellas optan por mantener silencio, esto es; bien porque deciden hacerlo, bien porque se ven obligadas en función de la situación de coerción, bien a conciencia, bien de manera involuntaria y/o inconsciente. Mantener silencio frente al hecho de la violencia sexual tiene como efecto que no sólo hay un hecho que no será apalabrado, sino que, además, se potencializa el impacto psíquico de la agresión sufrida, con el consiguiente daño para la salud mental de la persona afectada.

Romper el silencio es un acto político. Escuchar, creer, proteger y acompañar debe ser una tarea colectiva e inaplazable.

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